¿Por qué el "muy bien" no funciona?

lunes, 3 de octubre de 2016



Cuando un niño se rompe una pierna, la escayolan para que se cure y pueda volver a saltar y a correr. Un médico razonó que para que los niños con las piernas rotas pudieran crecer con normalidad, era necesario una escayola. Si no se sometían a ese tratamiento, era muy probable que quedasen cojos para toda la vida. Así pues, era necesaria la escayola para un correcto crecimiento de los huesos.

Otro médico que leyó el estudio del anterior, se quedó sólo con la última parte: “ la escayola es necesaria para un correcto crecimiento de los huesos” y pensó que todos los niños deberían llevar la escayola en las piernas durante un tiempo determinado, las tuvieran rotas o no.

Dicho y hecho: fue experimentando con distintos tipos de materiales, de vendajes, de tiempo de reposo, etc. El método se convirtió en algo tan exitoso que la gente empezó a pensar que ellos no habían sido deportistas porque no se les había escayolado de pequeños.

Por su parte, los niños aceptaban con gusto la escayola, porque era un tiempo en que recibían atención extra y cuidados. Querían estar escayolados todo el tiempo y ante cualquier molestia, ya pedían el tratamiento. Prácticamente dejaron de hacer nada sin su escayola. La mayoría cogían tal habilidad con las muletas que parecía que hacían una vida normal.

Qué historia más absurda te acabo de contar ¿verdad?

La gente no llegaría hasta este extremo, todo el mundo sabe que es perjudicial escayolar una pierna sana.

Pues esta historia es exactamente la historia del refuerzo positivo o “el muy bien” en psicología infantil.

El refuerzo positivo consiste en darle algo a una persona cada vez que ésta hace algo que nos agrada. Este sistema se descubrió con animales: cada vez que una rata le daba a una palanca, obtenía agua o comida. Así que las ratas aprendían a darle a la palanca.

Luego se pasó a estudiar el fenómeno con niños y se vio que los resultados eran similares. Se probaron distintos tipos de refuerzos: elogios, comida, dinero, regalos, etc.


El método se convirtió en algo tan popular que los psicólogos comenzaron a recomendar a los padres que premiasen a sus hijos cuando hiciesen algo que les gustase para que lo repitieran.

Esta actitud se generalizó tanto, que la gente empezó a pensar que un niño tiene que recibir refuerzo positivo para crecer de manera saludable y así empezó la época del elogio indiscriminado.

Ya no se refuerzan sólo las conductas que los padres quieren que se repitan sino absolutamente todo lo que hacen los niños va seguido de un “muy bien”: saltar, pintar, correr, estudiar, ir al baño, nadar, lavarse los dientes, terminarse el plato de comida, etc. Todo, absolutamente todo tiene su “refuerzo positivo” correspondiente.

Estamos escayolando a niños con las piernas sanas.

¿Y cuál es el resultado? Pues lo más desalentador es que a corto plazo da muy buenos resultados: los niños “se portan mejor” cuando son elogiados. Hacen más caso de los padres y son más obedientes, causan menos problemas.

Pero a largo plazo, el elogio pierde su poder y sólo quedan las secuelas: falta de motivación, poca creatividad y un creerse merecedor de mucho sin hacer apenas esfuerzo.

A un adolescente ya no le cuela el “muy bien” indiscriminado.

Igual que con la escayola, el refuerzo positivo tiene un sentido terapéutico en algunos casos muy concretos (no hablo de niños que se portan mal sino de casos más graves) y por un tiempo limitado. Siempre es necesaria la supervisión de un profesional para aplicarlo.

Pero se nos ha ido de las manos y ahora parece que si no le dices “muy bien” a tu hijo, eres una mala madre. Es más, ya no sabemos qué decirle a un niño cuando nos muestra orgulloso su dibujo o cuando nos mira sonriendo porque ha conseguido subir a lo más alto de los columpios.

¿Te pongo alguna alternativa? Ahí van 4


No decir nada.
Sí, en serio no hace falta hablar para comunicarse. Basta con una mirada o una sonrisa para transmitir que estamos ahí, con ellos y que compartimos su alegría.

¡Lo conseguiste!
Describes lo que ha ocurrido sin más, el logro es el refuerzo positivo en sí mismo, no necesita aderezos por nuestra parte. Si te parece, incluso puedes añadir un “antes no podías y ahora que lo intentaste varias veces, lo lograste”

¿Me lo explicas?
Cuando se trata de algo artístico la mejor alternativa al ¡qué bonito! es preguntarle al autor acerca de su obra y/o describirla: aquí has puesto azul ¿y esto qué es? Has pintado los árboles rojos ¿te gustan?

Gracias. 
Si tu pareja te hace un favor ¿le dices muy bien? No ¿verdad? Pues con tu hijo es lo mismo, si te ayuda a poner la mesa o te trae un vaso de agua cuando se lo pides, le puedes dar las gracias sin más como haces con el resto de las personas. Ojo, no vale cosas del tipo “gracias por ponerte rápido el pijama” porque eso no son favores que te hace. En estos casos, prueba alguna de las otras alternativas.


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9 comentarios :

  1. Ayns, te entiendo, pero la verdad yo me emociono honestamente cuando mi niño me hace participe de alguna proeza u obra artística así que estas cosas me salen solas. Creo que me costaría mucho no decirle qué chulada de dibujo y cosas de esas.

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    1. Ne pasa muy parecido a Paula Martos.
      Muy bien o incluso aplaudo
      Ahora me quedo preocupada ...

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    2. Bueno, a ver, tampoco hay que exagerar. A nadie le amarga un dulce y decir qué bien o enhorabuena cuando sale de manera natural es genial.
      Lo que ocurre es que nos han metido en la cabeza que para que el niño tenga autoestima alta para que obedezca hay que estar diciéndole muy bien a todas horas.
      Así que nada de preocupaciones, que seguro que lo estáis haciendo muy bien XD

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  2. Esto es complicado. A mí se me escapan los muy bien y los muy mal y los muy... lo que sea. No creo que abuse de ellos, pero es que, por ejemplo, eso del ¡Lo conseguiste! O ¡Te has esforzado mucho! Me parece de una sosez para niños pequeños... Ay, igual me arrepiento dentro de un tiempo, pero a mí no me sale el contenerme tanto a la hora de hablar con mi bichilla.

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    1. Al final lo natural es la quemejor te sale pero...¿te has parado a pensar por qué le dices que muy bien? Nos lo han instalado tan a fondo como los cereales en el biberón, por ejemplo.

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  3. Me ha gustado el símil. Lo curioso es que cuando mi tio era pequeño, se rompió el brazo y se lo escayolaron. La cuestión es que le dejaron la escayola mucho tiempo y al quitarsela, lo que ocurrió es que no podía estirar el brazo del todo. Al final, tuvieron que operarle porque se habia acumulado demasiado hueso en la articulación.
    Creo que el símil que has puesto cuadra mucho con esta experiencia. Hace un tiempo que le doy vueltas a este tema del muy bien y me has aclarado alguna que otra cosa, muchas gracias.

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    1. Pues no había pensado en eso, el exceso de escayola tampoco es bueno con niños con las piernas rotas (o los brazos). Yo lo veo como algo muy puntual y que hay que manejar con cuidado.
      Muchas gracias por el comentario.

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  4. Yo sí que le digo muy bien y cosas así, la verdad pero es que me emociono jejeje. Y creo que también es natural decirlo, es decir, no solo se lo digo a él sino a otras personas que me rodean. Las alternativas que propones me encantan eso sí. Lo de hablar de lo que ha hecho me parece genial. Yo, como aún no es capaz de eso, pues lo hago yo por él, comento cuando pinta o cuando "recoge" lo bien que queda todo...

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    1. Si te sale con todo el mundo es que es algo natural en ti, a mí por ejemplo no me sale el "muy bien" y decirlo sería forzar la situación.

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