¿Dejas en paz a tu hijo?

lunes, 24 de octubre de 2016



Estaba el otro día en el parque con M, yo sentada en un banco y él entretenido jugando a cocinar “hierba con hojas y percebes” a mi lado con unos juguetes que se había bajado de casa.

En esto se acercó una niña y empezaron a jugar juntos. No habían pasado ni 30 segundos cuando el padre de la niña se les acerca y les empieza a hablar:

“¿Qué hacéis? ¿Estáis jugando a cocinar? ¡qué bien! Eso de ahí es pescado y lo puedes freír en la sartén como a ti te gusta, eso no lo cojas que es el postre. Pero todo esto es del niño ¿eh? no es tuyo, no se lo quites.”

Ahí intervine diciendo que si a M no le importaba dejárselo, a mí tampoco así que el adulto y los dos niños siguieron jugando. O más bien el adulto siguió hablando y dando instrucciones y los niños siguieron ignorándolo en la medida que podían.

Porque sí, estaban pasando de él mucho. Yo tenía la sensación de que si pudieran, lo hubieran mandado a freír espárragos…a otro banco.

Esta situación me hizo llegar a la conclusión de que nos hemos pasado: hablamos demasiado con los niños.
En nuestro afán por ser unos padres dialogantes nos hemos convertido en unos padres pesados que no dejan de hablar en ningún momento. Es como si tuviéramos miedo de que, si no hablamos, no los estamos estimulando lo suficiente y de que no van a aprovechar todo lo que podrían.

Hemos pasado de un extremo a otro: de no dialogar para nada a hablar todo el tiempo. Y ni una cosa ni la otra ¿verdad?

El silencio es importantísimo, es el momento en el que podemos escuchar nuestros propios pensamientos, reflexionar y concentrarnos en lo que estemos haciendo.

Me imagino a ese padre trabajando delante del ordenador y con su hija preguntando todo el rato: “¿qué haces? ¿qué es esto? ¿puedo tocarlo? ¡en la pantalla sale un león!”

¿No crees que el padre le diría ahora no puedo atenderte o algo parecido? O se pondría a jugar con ella renunciando a trabajar en ese momento. Lo que  está claro es que de esa forma sería imposible que se concentrase en la tarea.

Pues eso hacemos muchas veces con nuestros hijos:

con toda nuestra buena intención les interrumpimos, no les dejamos estar en silencio, ni que se concentren.

¡Con lo bueno que es que estén concentrados! La capacidad de atención de un niño es limitada y la manera de irla aumentando es practicando con esos períodos de juego silencioso. Es la manera más natural para que los niños aprendan a estar concentrados en la tarea.
Aparte, el que tu hijo esté en silencio jugando, permite que tú te liberes la cabeza y puedas pensar en tus cosas. Como parte egoísta del asunto no está nada mal ¿verdad? Poder hacer un puzzle sencillo mientras haces la lista de la compra mentalmente es algo fácil de hacer si uno está en silencio.


Puedes hacerlo y tu hijo te avisará si nota que estás demasiado distraída y has dejado de jugar. Pero no porque no hables sino porque tu cabeza estaba en otra parte.

Así que te propongo un experimento:

La próxima vez que juegues con tu hijo, haz lo siguiente:

No hables a no ser que él te haga una pregunta directa.

Parece sencillo ¿verdad? Pues ya te aseguro que a más de uno le va a costar un mundo. Si te cuesta, pregúntate por qué.

Tal vez piensas que para que noten tu presencia es necesario hablar o tal vez creas que si no hablas, no estás jugando. ¿De dónde vendrán estas creencias?

Piensa, piensa.


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10 comentarios :

  1. A mí me pasa a veces. Da como sensación de que no le atiendo aunque luego pienso, si él está jugando tan contento. Además, cuando él quiere atención descuida que lo hace saber jejeej. Me ha encantado el post. Muy acertado.

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    1. Eso es verdad, cuando quieren atención, te lo hacen saber. En cambio cuando son pequeños, no saben decir tanto "ahora no que estoy concentrado"

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  2. Tienes razón. Es cierto que a veces tenemos la impresión de que si no hablamos es que no les hacemos caso. De hecho, he de confesar que alguna vez he hecho la reflexión de pensar que estábamos jugando demasiado en silencio cuando realmente, tal y como tu dices, si el niño no habla, por algo será. Muchas gracias por hacernos reflexionar.

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    1. Yo recuerdo juegos con mi hermana en completo silencio y podíamos estar así un buen rato. Hay muchas otras formas de comunicación y aprender a escuchar el silencio también es importante

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  3. Buen post. Me ha recordado a una época en la que me preguntaba si no había "demasiados silencios entre él y yo", jajaja. Hoy por hoy ya no lo creo, creo que efectivamente eran necesarios. De todos modos yo soy una cotorra y le hablo un montón y así me ha salido él cotorrita que no se calla... En polaco hay una expresión, algo así como "el medio dorado", jeje, que se refiere a encontrar ese equilibrio, la balanza, ni un extremo ni el otro. Es algo que muchas veces nos cuesta. (mecachismama.wordpress.com - Blogger solo me deja publicar con mi cuenta de Blogger, con mi blog antiguo... :/ )

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    1. Pero qué difícil es encontrar a veces el "medio dorado" ¿verdad?

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  4. Hola!! Jo, menos mal que alguien lo explica así de bien (que no quiere decir que todo el mundo lo entienda.... En fin). Yo que soy de las de observar mucho, incluso intentando pasar desapercibida por eso de que el observador altera la observación.... Está bien estimular la comunicación, pero sólo nos centramos en la verbal.... Ya está bien.... Bendito silencio.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, me alegro que te haya gustado el post. El observador siempre altera lo observado por eso hay que intentar alterarlo lo menos posible

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  5. Totalmente de acuerdo. Muchas veces estamos demasiado encima de ellos, pero jugando y en muchas facetas de sus vidas. Hay que dejarlos que jueguen, que imaginen, que inventen... A veces somos muy pesados y hay que darles algo de libertad para que aprendan "a vivir".
    A mi me hace muchas mucha gracia cuando mi peque de 2 añitos está cantando y yo quiero ponerme a cantar con ella y me dice "mamá tú noooo"... jajaja... le falta decirme "¡¡pesada!!".
    Genial articulo para hacernos reflexionar. :-)

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    1. jejeje, menos mal que ellos tienen voz y nos guían por lo que necesitan ¿verdad?

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