¡Esta niña no me hace ni caso!

lunes, 9 de mayo de 2016




Había una vez una niña de 11 años llamada María que vivía feliz en su casa con sus padres. Iba a clase, tenía amigas y algún chico que le gustaba y le rondaba la cabeza.

En general no tenía grandes problemas pero había una cuestión que le molestaba mucho: no le gustaba nada que le gritasen, aunque fuese de buen humor. Odiaba los alborotos y los ruidos. Incluso odiaba la música muy alta aunque fuese la de Pablo Alborán.

Lo malo era que los gritos eran habituales en su casa, no tanto para reñir (ella era más o menos obediente y no le daba motivos) como para avisar y dar órdenes:


¡Ya está la cena, ven a poner la mesa!¡En cinco minutos nos vamos, vístete ya!¡Es hora de bajar la basura!

Cuando sus padres le gritaban, ella acudía un poco fastidiada por el grito, pero acudía a la llamada. Al fin y al cabo, tampoco le estaban pidiendo nada excesivo. Era la forma en que lo hacían lo que la molestaba.

Su vida transcurría así hasta que un día vio un capítulo de la Supernanny y alucinó. ¡Por fin encontraba una solución al tema de los gritos!

Decidió aplicar las mismas técnicas que la Supernanny enseñaba a los padres con niños gritones: ignorar la conducta que queremos cambiar y reforzar la que queremos que se mantenga.

Dicho y hecho: a partir de entonces no iba a acudir a la llamada de sus padres cuando lo hiciesen gritando (ignorar) y en cambio les iba a hacer caso en todo cuando le hablasen en un tono normal (refuerzo).

Menudo desastre.

Al principio no fue mal, los padres la llamaban un par de veces y al ver que no ocurría nada, iban hasta su habitación y le decían “¿es que no escuchas? Te llevo llamando, la cena está lista” Parecían algo molestos pero nada grave.

Será la adolescencia, pensaban.

Pero claro, la cosa no terminó ahí. Los padres empezaron a enfadarse cada vez más con ella y cuando iban a la habitación de María era para reñirle y, como era de esperar, lo hacían gritando.


A María cada vez le costaba más ignorar a sus padres porque prácticamente se lo decían todo a gritos. Así que a veces no le quedaba otra que ceder y hacerles caso de vez en cuando.

Los padres estaban cada vez más enfadados y frustrados. No sabían qué estaba pasando para que su hija, hasta entonces una buena chica, se convirtiera en una rebelde.

Inciso: ¿cómo creéis que se siente un niño pequeño cuando es ignorado? Ahí lo dejo. Fin del inciso.

María, por su parte, no sabía que hacer. Volver a lo de antes no podía, ya le tocaba un poco el orgullo no haber conseguido que sus padres dejasen de gritar y además estaba enfadada con ellos porque ahora siempre estaban de mal humor con ella.

En ese punto estaban cuando los padres deciden acudir a un psicólogo. Siguiendo las instrucciones del psicólogo, acuden ellos dos solos a la cita, sin María, para poder hablar tranquilamente de lo que les preocupa.

Básicamente, tenían las siguientes quejas:

Este niña no nos escucha,
no nos hace ni caso,
todo lo que le decimos le entra por un oído y le sale por el otro,
es como si tuviera sordera selectiva,se porta mal, no obedece en nada.

Después de un montón de preguntas raras (¿cómo conseguís que ponga la mesa?/¿podríais mostraros enfadados desde el primer momento, aunque sea fingido?/¿ocurre a veces que os hace caso sin motivo aparente? etc.) el psicólogo suelta un rollo sobre la autoridad y cómo Vito Corleone nunca tuvo que levantar la voz para conseguir que alguien le hiciese caso.

Los padres salieron algo desconcertados de la sesión pero con una idea en la cabeza: si querían resultados diferentes, tenían que hacer algo diferente.

La idea de imitar al Padrino les hizo gracia y comenzaron un juego entre ellos en la que María era “la víctima”.

María, te voy a hacer una oferta que no podrás rechazar, hay sopa para cenar, ven a poner la mesa.

Cuando su madre decía esto, María se quedaba alucinada y más cuando escuchaba a su padre detrás partiéndose de risa. No entendía nada pero como su madre no había gritado, acudía.

A la siguiente sesión, los padres acudieron solos, esta vez por iniciativa propia. La situación había mejorado bastante, todos estaban de mejor humor y ellos dos tenían una competición por ver quién imitaba mejor al padrino.

Pero seguían teniendo una preocupación: ¿qué le ha pasado a nuestra hija?

Ahora que las cosas están más calmadas, ¿le habéis preguntado? Quizá os sorprenda la respuesta.

* Esta historia es completamente inventada, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


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2 comentarios :

  1. "Si quieres resultados diferentes, debes hacer cosas diferentes". Me lo grabo a fuego porque me parece una idea que no se puede olvidar. La idea de imitar al Padrino me encanta :-)
    Bs!!

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    Respuestas
    1. Pues sí, muchas veces esperamos cambios sin cambiar nada nosotros y eso es imposible (o improbable por lo menos)

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