Mi hijo no quiere...y ya lo he intentado todo

lunes, 18 de abril de 2016



Hace un tiempo, allá por la prehistoria, cuando estaba trabajando en una unidad de salud mental infanto-juvenil, una madre entra en mi despacho preocupada porque su hijo de 7 años era un salvaje y preguntó si no había ninguna pastilla para que se portase mejor.

A partir de ahí empezamos una pequeño broma entre los compañeros sobre si tal o cual persona necesitaba la pastilla de portarse bien. Seguro que tú conoces a más de una que no le vendría nada mal.

Bromas aparte, espero sinceramente que esa pastilla no se invente nunca. Me dan escalofríos sólo de pensarlo.

¿Pero qué llevó a esta madre a pensar que la única solución posible pasaba por medicación?
No, no voy a hablar de la cultura de la pastilla, que también influye sino de algo más sutil y que a mucha gente le pasa desapercibido.

Esta madre no veía otra solución porque había planteado mal el problema.  Y como ella, muchos otros padres pasan por la misma situación. Plantean el conflicto de la siguiente manera
Mi problema es que mi hijo no quiere
Vestirse/Sentarse en el orinal/Comer/Estudiar/Recoger/Dormir/Etc.…...y ya lo he intentado todo.
Decir esta frase, así tal cual es caer en una trampa que te deja sin armas para resolver el problema. Por un lado, pone toda la responsabilidad dela mejoría en que el niño cambie su forma de sentir y de repente quiera hacer eso que nosotros queremos que haga. Por otro lado, el “ya lo he intentado todo” te deja sin herramientas y te sume en la desesperación.

Esto sólo puede terminar mal: tú cada vez más enfadado con tu hijo y él cada vez con menos ganas de hacer lo que le mandas.

Todo por haber planteado mal el problema…y la solución. Porque cuando un problema está mal planteado, la solución será incorrecta también.

De hecho, pongo la mano en el fuego porque “el haberlo intentado todo”, además de falso, empeora el problema. Es más, me atrevo a decir que en la mayoría de los casos, el problema se crea porque la solución que intentamos está mal planteada, pero no lo vemos e insistimos en ella hasta que la situación se vuelve insostenible.

Lo explico con un ejemplo: El niño que no quiere sentarse en el orinal

Pablo tiene 2 años y empieza a avisar cuando se hace caca en el pañal y quiere que lo cambien. Sus padres se emocionan y deciden que ya está preparado para dejar el pañal. Leen mil manuales, acuerdan una estrategia y se ponen manos a la obra.

Le leen cuentos a Pablo sobre cómo dejar el pañal y no paran de decirle lo guay que es ser mayor y utilizar calzoncillos. Al principio, Pablo está muy contento y se lo pasa genial en el orinal al ver la fiesta que le hacen sus padres cada vez que se sienta allí.


Como sus padres ven que todo marcha, deciden quitarle el pañal. Han leído que para minimizar los escapes Pablo tiene que sentarse cada media hora en el orinal unos minutos. El primer día fue un desastre y Pablo se hizo caca encima y varios pises.

Los padres decidieron entonces que en vez de cada treinta minutos sería cada veinte, pero no funcionó. Acortaron el tiempo a quince minutos y, aunque mejoraron los escapes, cada vez les empezó a costar más que Pablo quisiese sentarse en el orinal.

Entonces probaron con darle una pegatina cada vez que iba, con reñirle, con amenazarle con algún castigo, con intentar razonar con  él, cantando alguna canción, etc.

Todo en vano: Pablo no quería sentarse en el orinal…y ya lo habían intentado todo.

Los padres de Pablo comenzaron con un problema más o menos sencillo, algo que todo el mundo consigue en algún momento como es el control de esfínteres. Probaron con un sistema que no les funcionó ¿y qué hicieron? En vez de cambiar de sistema, insistieron en él con más fuerza.

Es decir, ¿Con media hora no basta? Pues toma cada veinte minutos. La misma solución una y otra vez…hasta que pasan a tener otro problema mayor, que intentan solucionar de nuevo con una visión equivocada.

En ningún momento digo que los padres de Pablo hicieran nada con mala intención. A los seres humanos nos cuesta admitir nuestros errores y saber retroceder es complicado.

Por eso, cuando alguien me dice que su hijo no quiere (Inserte aquí lo que sea) yo siempre le pregunto: ¿qué haces tú para intentar solucionarlo?

En su respuesta está la clave de todo. 


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4 comentarios :

  1. Creo que muchas veces forzamos situaciones y se crean problemas sin necesidad. A veces cuando un niño no quiere X, creo que siempre es por algo, ¿no? Por ejemplo. El tema del pañal. Personalmente pienso que el tema del pañal dependerá de cuando ese niño/a esté preparado para controlar esfínteres y no cuando sus padres hayan decidido que lo está. Tenemos una lucha con la guardería por ese tema. Ellos insisten en hacer "operación pañal", pero nosotros no queremos hacerla porque preferimos esperar a que Mara lo pida. Sin forzar. Y eso les cuesta entenderlo :-S Tenemos la suerte de que en el cole al que irá no le obligan a haberlo dejado; y además, queda muchísimo para entonces. ¿Quién me dice a mi que este verano no me pide dejarlo ya?

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    1. Totalmente de acuerdo, lo malo es cuando te ves metida en el círculo del que hablo, es complicado salir porque no ves que el error está en la solución, los humanos somos así...

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  2. Incluso muchas veces ni siquiera sabemos que nos estamos equivocando!

    En la operación pañal hay que saber que el niño está preparado, que él es el protagonista de todo el esfuerzo para ir todos en la misma dirección. Ya lo explica mi hijo en el blog jeje.

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    1. Cierto, ahí radica el problema, pensamos que con "más de lo mismo" tendría que valer cuando lo que hay que hacer es cambiar de estrategia porque la que llevamos siguiendo no funciona

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