¿Qué tienen de malo los premios?

lunes, 29 de febrero de 2016




Uno de mis miedos como madre es que M pierda esa curiosidad innata que tiene por el mundo que le rodea. Todo le interesa, todo lo pregunta y todo lo quiere aprender. No espera nada a cambio más que el placer de descubrir el mundo.

Es lo que llamamos motivación intrínseca. Motivación es el sentimiento que nos mueve a hacer cosas, a crear, a explorar y a descubrir e intrínseco hace referencia a el porqué nos movemos. En este caso el motor está dentro de uno mismo, no hay nada ajeno que guíe la conducta.

La motivación intrínseca es la fuerza más poderosa que tiene una persona para cambiar y realizarse, y nacemos con este motor intacto y a pleno rendimiento.

¿No es maravilloso? ¿Te imaginas un mundo donde ninguna persona tuviera ese motor estropeado? En serio ¿te lo imaginas?

Porque lo malo de la motivación intrínseca es que es muy delicada y a la mínima se estropea y se sustituye por la extrínseca, donde el motor ya no está dentro de uno mismo sino fuera, en forma de premios y castigos.

Lo malo de esto es que se sabe que cuando la motivación viene de fuera, el rendimiento cae en picado: ya no nos interesa tanto lo que hacemos y vamos al mínimo para conseguir el objetivo, que ya no es el propio trabajo sino la recompensa.

Para que lo entiendas, te voy a contar una historia:

Había una vez un señor que tenía un problema: todas la noches un grupo de músicos se juntaba en la acera justo debajo de su casa para tocar. No eran malos, pero el ruido impedía a este señor concentrarse en su trabajo y o descansar.

Lo había intentado todo: hablar con ellos, llamar a la policía, echarles agua por la cabeza, etc. Todo era en vano. Es más, parecía que tocaban con más ganas aún después de cada intento.


Un día, decidió probar algo diferente: cuando el grupo llevaba media hora tocando, bajó a la calle y les dio dinero. Les dijo que le parecía justo que si él disfrutaba de su música, al menos aceptasen una compensación económica por esto. Los músicos sorprendidos, cogieron el dinero encantados.

Así pasaron un par de semanas: a la media hora de empezar a tocar, el señor bajaba y les pagaba. Hasta que un día decidió dejar de darles dinero. Les explicó que ya no podía permitirse más conciertos y que lo sentía mucho, pero que estaría encantado de seguir escuchándolos gratis.

Los músicos, enfadados se marcharon y no volvieron más.

Problema resuelto. Este señor consiguió matar la motivación de los músicos introduciendo un motivador externo poderoso (el dinero). Cuando desaparece, al grupo ya no le llega con el propio disfrute como hacían antes, cuando tocaban si ningún tipo de premio externo.

La idea es genial para resolver su problema pero el trasfondo que hay detrás me parece terrible.

Porque lo mismo pasa en las escuelas: llegan niños con unas ganas tremendas de aprender y por culpa de las notas y las caritas sonrientes, la mayoría terminan la primaria aburridos y sin ningún tipo de curiosidad por el mundo.


Recuerdo una frase que le dije a mi madre cuando me estaba explicando la tabla periódica:
 “No quiero saber la verdad, quiero saber qué tengo que contestar a esta pregunta”

Me da mucha pena y miedo que M llegue a decirme algún día lo mismo. Quiero mantener esa curiosidad innata el mayor tiempo posible, que consiga una motivación intrínseca fuerte y robusta a prueba de notas.

Por eso no premiamos ni castigamos. No queremos “pagarle” por lo que disfruta él haciendo por sí mismo. A él le basta y le sobra con su propia satisfacción y con poder compartir esa alegría con nosotros. 


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12 comentarios :

  1. Es estupenda esta entrada. Yo tampoco estoy de acuerdo en premiar y en cuanto a las notas menos aún. Al año que viene mi hija como empezará el cole, y la verdad que no me hace mucha ilusión porque me gustaría que tuviese libertad para aprender y a su vez curiosear. Para colmo no me gusta como enseñan en los coles a base de gomets con premios o castigando a la silla de pensar. Así que ahora mismo veo el cole como un problema.

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    1. Bueno, al final van a tener que vivir en sociedad. A mí también me da miedo el tema del colegio pero pienso que lo que hacemos en casa vale más que lo que ocurra en el colegio...eso espero.

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    2. Eso espero yo también. Pero pasa que me veo llamándome del colegio cada dos por tres, bueno, el tiempo lo dirá...

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Que importante es,NO perder nunca,la capacidad de asombro.
    Felicidades por el post!!!

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    1. Pues sí, pero es tan fácil de perder, es algo tan delicado...Muchas gracias por comentar

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  4. Yo estoy de acuerdo y no... El tema de la motivación creo que fluctúa con la edad. No es lo mismo un preescolar que un niño de primaria o un adolescente. Por otro lado seguramente sea el elevado número de alumnos más que los premios o refuerzos, así como las metodologías utilizadas lo que maten esa curiosidad. Y, qué quieres que te diga, a mí también me gusta que me digan que lo hago bien ¡Je,je,je! Creo que hay que fomentar el gusto pero también reconocer lo bien hecho y, sobre todo, el proceso, el esfuerzo. Gracias por la reflexión.

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    1. Claro, los premios no son el único problema. La motivación fluctúa con la edad precisamente porque la manipulamos a través de premios y castigos y claro, cuando llega la adolescencia, ya no les vale con pegatinas de caras sonrientes. Yo no creo que sea tanto una cuestión de edad (hay adolescentes muy motivados) como de que se ha manejado mal este tema desde pequeños

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  5. Yo tengo un problema con esto de los premios. Para el tema de las notas no los utilizaremos, pero para otras pequeñas cuestiones, como por ejemplo ahora con la operación pañal, donde le damos una pegatina en forma de corazón cada vez que logra hacer pipí o caca en el váter ¿influirá esto de mala manera?

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    1. A ver, traumatizar no se va a traumatizar pero personalmente, es un sistema que no me gusta. Una porque no tiene ninguna relación la pegatina con sentarse en el wáter y otra porque le quita importancia al hecho de controlar los esfínteres. El no usar pañal, parecerse a los mayores y no mojarse ya son satisfacciones grandes en sí mismas. Con las pegatinas aceleras el proceso (normalmente, otras no) pero toda esa alegría se diluye

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