La verdad sobre las relaciones

lunes, 1 de febrero de 2016



 Relaciones de pareja, con los amigos, con el panadero, con nuestros profesores, con el médico, con nuestros hijos, con nuestros hermanos, con nuestros padres, con nuestros primos, con los vecinos, con los compañeros de trabajo, con el señor que te cruzas todos los días por la calle antes de ir a trabajar, etc.

En nuestro día a día no paramos de relacionarnos con gente de todo tipo y condición. Podríamos estar hablando horas y horas sobre tipos de relaciones diferentes y no acabaríamos nunca de clasificarlas si sólo atendemos a la forma de esa relación.

Si tenemos un problema con alguien (por ejemplo, con nuestra pareja o con nuestros hijos) conocer qué tipo de relación tenemos con ellos nos puede ayudar a encontrar una solución al conflicto.

Pero claro, ¿cómo clasificamos una relación si hay miles de formas de hacerlo? En este punto es donde entro yo y os cuento un secreto que sólo algunos psicólogos sabemos.

Desde la perspectiva en la que trabajo sólo hay dos tipos de relaciones posibles: las complementarias y las simétricas. Todo lo demás, si se trata del panadero o de tu hijo, es accesorio.

Una relación se clasifica en función de lo que hacen las partes implicadas. Si actúan de forma similar, entonces la relación es simétrica y si lo hacen de manera diferente, es complementaria.

Ahora lo explico un poco mejor.

Relaciones simétricas

Son aquellas que se basan en la igualdad: las dos personas tienen conocimientos y competencias similares.

Un matrimonio que intenta ponerse de acuerdo para ver una película, dos hermanos que juegan juntos al Monopoly o dos amigos que están viendo un partido de fútbol juntos son ejemplos de situaciones en las que la relación es simétrica.

Son relaciones en las que el poder se reparte por igual y no hay nadie que mande sobre el otro.

Podríamos pensar que para una relación de pareja lo ideal sería una relación simétrica en la que las dos partes son iguales en todo ¿verdad?

Pues no, una relación que se  mantiene siempre simétrica tiende a la competitividad entre las partes, a ver quién manda más, etc.


Es decir, la mayoría de las discusiones de pareja, se suelen dar en situaciones simétricas en las que ninguno quiere dar su brazo a torcer. Si esto no se mueve, se produce lo que llamamos una “escalada simétrica” que puede llevar a discusiones constantes. Si os gusta el cine, hay una película de hace años que es un claro ejemplo de escalada simétrica en una relación de pareja: La guerra de los Rose.

Otro ejemplo de escalada simétrica es la relación de unos padres con un hijo adolescente que incumple sistemáticamente las normas y los padres lo castigan cada vez más. Es una lucha por el poder que no suele tener un final feliz si nadie hace nada para cambiar la situación.

Relaciones complementarias

Son aquellas que se basan en la diferencia: las dos personas tienen conocimientos y competencias diferentes y por lo tanto, no actúan de la misma manera cuando están juntos.

El ejemplo más claro es el de profesor alumno. Es una relación complementaria porque el profesor hace una cosa (enseñar) y el alumno otra (aprender). En general, todas las relaciones que tengamos con profesionales, suelen ser complementarias (médico-paciente, panadero-cliente, etc.).

Digamos que en una relación complementaria siempre hay alguien que claramente está por encima del otro en algún aspecto (conocimiento, poder, etc.). 


En el caso de las parejas o de las familias una relación complementaria puede ser entendida como algo negativo pero no tiene por qué serlo, si ambas parte están de acuerdo en esa desigualdad.

Por ejemplo: a mí no me gusta nada conducir y a J le encanta. Así que él es el conductor oficial de la familia, el que echa gasolina, el que lleva el coche al taller, etc. Yo no tengo ni idea de nada de esto, y no me importa.

Lo malo sería que yo quisiese conducir y él no me dejase diciendo que yo no sé hacerlo. Entonces sí que me sentiría en inferioridad de condiciones. ¿Entendéis lo que os digo?

Si una relación de pareja es estrictamente complementaria, corre el riesgo de que la parte que está “por debajo” se deprima, o se sienta minusvalorada y que la que está “por encima” abuse de su poder. Un caso extremo de relación complementaria tóxica son los casos de malos tratos.

¿Cuál es el mejor tipo de relación?

Ni una ni la otra. Como vimos, cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La salud mental está en la flexibilidad y las relaciones no iban a ser diferentes.

Lo sano es ir cambiando: tener momentos simétricos (elegir una peli, repartir las tareas domésticas, etc.) y otros complementarios (que uno se encargue de las finanzas, el otro de conducir, etc).


Aunque me he centrado en las parejas para los ejemplos, con otro tipo de relaciones pasa lo mismo. Incluso en situaciones muy complementarias como son las de un profesor con sus alumnos, conviene cierta flexibilidad para que, por ejemplo, el profesor pueda aceptar que se ha equivocado en algún punto.

Con los hijos, otro tanto. Cuando son pequeños, las relación con ellos siempre es complementaria pero poco a poco se va moldeando y puede haber momentos de simetría (jugar a las cosquillas) o incluso de complementariedad donde el padre está en la posición baja, cuando su hijo le enseña a configurar el correo en su móvil.

Cuando hay problemas familiares, la mayoría de las veces se deben a que hay rigidez y la relación nunca cambia: o siempre es complementaria o siempre es simétrica.

Saber en qué punto se encuentra el problema, es el primer paso para poder cambiar la secuencia y desencallar la situación.


¿Quieres mejorar tus relaciones familiares?
Suscríbete y consigue gratis la guía donde explico mi método para encontrar soluciones a los problemas de crianza.

4 comentarios :

  1. Muy buen artículo. Me hace pensar en que muchas veces en la relación con nuestros mayores se endurece porque, aunqeu tú tratas de valorar desde varios frentes el problema, ellos se aferran a una posición rígida. Esa rigidez es la que hace romper en ocasiones esa relación.
    Cuánta paciencia!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mayores o no tan mayores, la rigidez siempre puede estar presente pero es cierto que cuanta más edad, más difícil es cambiar

      Eliminar
  2. Ayns, yo no lo termino de ver. Reducir todas las modulaciones que adquieren las relaciones humanas a dos posibilidades me parece limitado. Pero bueno, supongo que es consecuencia de ese empeño de las ciencias sociales por articular todo en binarismos. Un besete!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No se trata de una división "verdadera" sino de una clasificación "útil" para resolver problemas. Cada uno construye su propia realidad así que lo mejor es construir una en la que los problemas tengan solución. Besos!

      Eliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...