Técnicas de relajación para niños (II)

lunes, 18 de enero de 2016




Llegas un día a casa del trabajo. Estás muy enfadada porque tu jefe te ha hecho una buena jugada y no puedes hacer nada para evitarlo. Quieres gritar y pegarle a alguien o simplemente llorar: necesitas HACER algo.

Entonces aparece tu pareja y te dice: “Tranquila, RELÁJATE que estás muy nerviosa”

En ese momento pueden pasar dos cosas: o bien comienzas a gritarle a él (¿¿cómo me dices que me relaje??) o bien comienzas a llorar sin parar. Lo que seguro que no harás será relajarte.

Con los niños pasa algo parecido. Pedirle a alguien que se relaje cuando lo que necesita es acción puede llegar a ser contraproducente, tenga 7 años o 70 años.

Por eso hoy voy a hablar de unas técnicas de relajación diferentes.

El termómetro de energía

Los niños tienen mucha energía, mucha. No tiene por qué haberles pasado nada malo para ponerse “nerviosos” si están mucho tiempo sin hacer ejercicio físico.

Este niño necesita calle, decía mi abuela. Como todos, vaya.

Pedirle a un niño que se tumbe, cierre los ojos y se tranquilice cuando lo que de verdad necesita “para relajarse” es correr y saltar es absurdo ¿qué se supone que va a hacer con toda esa energía que le sobra?


Es cierto que hay momentos en los que de verdad necesita relajarse, pero en la mayoría de los casos, lo que les hace falta es moverse más. Por eso cuando veas a tu hijo inquieto y que “empieza a portarse mal” (atención al entrecomillado), tal vez sea el momento de explicarle lo siguiente:

“Parece que tienes la energía por aquí (señalarle su cuello), cuando estamos bien la solemos tener por aquí abajo (señalarle su barriga) y cuando estamos cansados la tenemos por aquí (señalar sus rodillas), ¿qué te parece si echas una carrera por el pasillo/salimos al parque/saltamos/bailamos….hasta que notes que tu energía está ya  por el ombligo?”

Cuando el juego esté integrado, se le puede hacer algún recordatorio de vez en cuando tipo: “¿por dónde tienes la energía hoy? Y que él mismo se señale la parte del cuerpo.

Este juego viene genial a niños a partir de 5 o 6 años pero también se podría hacer con niños más pequeños. De esta manera, les estamos enseñando una forma de conocerse a sí mismos y de autorregularse. Aprender a reconocer las señales de su propio cuerpo y saber qué tienen que hacer para encontrarse mejor es la clave para  mantener una buena salud mental.

Además, no estamos utilizando palabras peyorativas como nervioso o pesado ni la famosa frase que se suele dar a voz en grito de “¿¿quieres tranquilizarte ya??.”

La liebre y la tortuga

No, no se trata de la fábula famosa pero casi. El objetivo es que el niño pase de un estado de activación a uno más relajado de forma progresiva y no que él mismo se autorregule como en el ejercicio anterior. Por eso funciona bien en niños pequeños (2/3 años).


Es una actividad que funciona mejor en grupo, con hermanos o en una clase pero se puede hacer también de forma individual.


Las instrucciones son las siguientes:

“Vamos a jugar a un juego nuevo: la liebre y la tortuga. Las liebres son animales que lo hacen todo muy rápido, muy rápido, corren mucho y siempre tienen prisa, así (damos un par de vueltas muy rápido por la sala). En cambio, las tortugas son animales que lo hacen todo muuuuuuuuy despaaaaaacio, son muy lentas y nunca tienen prisa, así (nos movemos lentamente por la sala).

Ahora vamos a jugar a que eres una liebre, venga ¿cómo hacen las liebres? Se mueven deprisa ¡corre, corre! (moveros vosotros también deprisa hasta que el niño entre en el juego y esté unos 30 segundos moviéndose deprisa). ¡Ahora somos tortugas! ¿cómo nos movemos ahora? Despaaaaacio, muuuuuuuuuy despaaaacio… (mantener a la tortuga un minuto más o menos).”

Lo siguiente sería ir alternando momentos de liebre con los de tortuga unas cuatro o cinco veces. El juego siempre se termina siendo tortugas claro:

“Ahora vamos a terminar, somos unas tortugas que tiene mucho sueño, para dormir, nos metemos en el caparazón así (encogeros) y nos quedamos quietos, quietos para dormir así, en nuestro caparazón”

Ojo, la idea no es que se duerman (para eso podéis leer estas otras técnicas de relajación más convencionales), pero sí que vayan bajando su nivel de actividad poco a poco, ayudándoles a descargar su energía.

¿Os animáis a hacer alguna con vuestros niños?

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8 comentarios :

  1. Me ha gustado lo de la liebre y la tortuga :-D Vamos a tener que empezar a jugar a eso por la noche jeje...

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  2. Yo he hecho con mi hijo meditación, pero por poco tiempo porque no se concentraba bien. Probaré con este método.
    Un abrazo

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    1. Meditar es una actividad muy compleja, estos trucos que escribo aquí son más de andar por casa :)

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  3. Maramoto necesita el juego de la liebre y la tortuga. Sobre todo la tortuga :-D Vamos a tener que empezar a aplicarlo. A ver si nos sorprende y con dos años funciona :-P

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    1. Veo que os habéis puesto de acuerdo tú y Diana en el juego. Pues intentadlo y contadme qué tal os ha ido

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  4. Con mi bichilla estamos probando a pararle un poco el ritmo diciéndole de vez en cuando "¿cómo se queda tranquilita Laura?" Y haciéndole expirar y hacer un arco con los brazos sobre la cabeza para luego bajarlos lentamente. Oye ¡y funciona!

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    1. ¡Eso también vale! Que ella misma se cuenta de cómo parar es muy importante para su autorregulación

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