Castigos, gritos y consecuencias naturales

lunes, 18 de mayo de 2015

Imaginad que vuestro hijo de 5 años rompe un paquete de arroz porque ha estado jugando con él a hacer malabares, algo que sabe que no debe hacer. Tú entras en la cocina y te encuentras el estropicio y tu hijo se apresura a decir que si le das la escoba, lo recoge él mismo. Pero tú solo puedes ver el montón de granitos de arroz desparramados por todos lados y montas en cólera: le gritas como si no hubiera un mañana y lo castigas una semana sin televisión.

¿Qué creéis que haría vuestro hijo?

Imaginad ahora que llegáis al trabajo y vuestro jefe os está esperando con cara de pocos amigos. Resulta que el día anterior habíais entregado un informe con muchos errores de los cuales no te diste cuenta porque no tuviste tiempo a revisarlo. Culpa tuya, lo asumes sin ningún tipo de justificación y te ofreces a hacerlo de nuevo ese mismo día, aunque eso te suponga reducir el tiempo que dedicas al almuerzo hasta que lo termines. Pero tu jefe, en vez de aceptar esta propuesta, comienza a gritarte como un energúmeno y te dice que a partir de ahora vas a tener que prolongar tu jornada laboral una hora todos los días durante un mes para dedicarte a escribir en una libreta: “No volveré a cometer errores en los informes”

¿Cómo reaccionarías? ¿Aceptarías sin más?


¿Por qué la segunda historia la vemos absurda pero la primera ya no tanto?

Vayamos por partes, que en esto hay mucho tema. Intentaré ser lo más clara posible.

Los gritos

Gritar no sirve de nada. Hay teorías y corrientes de la psicología que dice que gritar es bueno, que te libera. Dicen también que los bebés saben gritar sin que les duela la garganta pero que como la educación nos enseña que gritar es malo, perdemos esa capacidad y empezamos a reprimir nuestras emociones.

Bueno, yo puedo llegar a admitir (solo un poco) que tal vez en determinados momentos sea bueno gritar. Pero gritar sin más, a nadie, tú solo. Gritar a alguien no lo veo justificado en ningún caso. Igual es que estoy muy reprimida pero no puedo dejar de verlo como una forma de violencia desde el momento en que entiendo que a nadie le gusta que le griten.

Así que para mí  gritar no sirve para que el otro cambie nada, solo es útil para la persona que grita. Se desahoga y ya está. Sin embargo, mi opinión es que hay otras formas de desahogarse sin necesidad de gritarle a nadie y si uno no sabe cómo relajarse sin gritar, creo que debería buscar ayuda para aprender nuevas maneras de hacerlo (como el deporte, por ejemplo).

Los castigos

Los castigos son arbitrarios, no dependen de la conducta que se quiere corregir, es como si estuvieran en otra onda. No buscan reparar el daño causado sino castigar a la persona que cometió el error.

En teoría el objetivo de los castigos es evitar que la conducta se repita. Pero en psicología sabemos desde hace muchos años que este tipo de técnicas no funcionan a largo plazo, a no ser que las consecuencias sean realmente aversivas, pero entonces ya no serían legales así que no se podrían aplicar.

Es más, los castigos pueden llegar a conseguir el efecto opuesto al deseado porque crean sentimientos de hostilidad hacia la persona que castiga (no me digáis que si os pasa algo parecido a la historia del principio, no estaríais un pelín cabreados con vuestro jefe), la hostilidad merma el respeto y cuanto menos respeto le tengas a alguien, menos autoridad va a ejercer sobre ti y más “desobediente” te vas a volver. Es como un fila de piezas de dominó que cuando cae una, las otras van detrás.

Consecuencias naturales

Las consecuencias naturales siguen una lógica respecto a la acción errónea y el objetivo de las mismas no es castigar a la persona sino reparar el daño causado. Al no buscar el castigo, son mejor aceptadas por las personas y no merman la autoridad del que tiene que “imponer” la consecuencia. Es más, en un momento dado, no haría falta nadie ajeno a la situación para imponer nada porque al tratarse de algo natural, será la propia persona la que realice la acción reparadora.

Para que sea de verdad una consecuencia natural, ésta no puede ir acompañada de gritos (que al fin y al cabo son un tipo de castigo), ni de reproches ni de nada. Hay que confiar en el poder de la consecuencia natural para corregir la conducta por sí misma y que no se vuelva a producir.

Lo malo de las consecuencias es que a veces los niños pequeños no las pueden relacionar en abstracto y no podemos dejar que las sufran en sus carnes. Por ejemplo, no podemos dejar que experimenten las consecuencias de cruzar un semáforo en rojo sin mirar o ir con el cinturón de seguridad desabrochado.  ¿Qué podríamos hacer en estos casos? La respuesta la próxima semana.

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25 comentarios :

  1. Ay que nos dejas con la intriga. Me ha encantado lo que cuentas sobre los gritos y los castigos. Como niña hiper castigada y gritada que he sido, doy fe de todo lo que cuentas. Es por ello que no creo que los castigos y los gritos sean para nada buenos. Se puede hacer sin recurrir a ellos con mucha paciencia y empatía.

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    1. jajaja, emoción, intriga y dolor de barriga. A mí nunca me castigaron pero gritos, sí recibí unos cuantos

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  2. Mira que explicas bien las cosas, amiga. El ejemplo lo deja claro clarinete! Iba a poner una cosa pero creo que sería spoiler de lo que vas a contar después, así que me espero calladita hasta que lo publiques! ;)

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    1. jajaja, bueno, no pasa nada si haces un spoiler que tampoco estoy anunciando ninguna muerte en Anatomía de Grey XD

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    2. jajajajja (madre mía, ese hospital está maldito!)

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  3. Genial, como siempre. Estoy de acuerdísimo, así que te comparto en un rato. Besotes

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  4. Me da a mí que la crianza se me está haciendo cada vez más complicada. Mi bichilla es muy pequeña para razonar, pero vamos, también lo es para que le gritemos o la castiguemos. Yo soy más de órdenes estrictas tipo ¡nooooo! Y punto. A ver si así, con 18 meses, le calo en el pensamiento, pero lo habitual es que pase de mí. Ahora, que dependiendo de la situación, lo de no poner el grito en el cielo debe ser toda una maniobra de saber hacer y de templanza, que quizás no todos tengamos.

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    1. Al principio es más efectivo lo de dar órdenes sencillas y no explayarnos mucho en las explicaciones porque la capacidad de comprensión y de atención de un bebé es pequeña. Lo de gritar es una cuestión de hábito, si una ya no gritaba antes es difícil que se vuelva una gritona. Pero como todo hábito, se puede cambiar :)

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  5. Me ha encantado esta entrada, espero impaciente la segunda parte.

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  6. La verdad es que tenemos que ser capaces de empatizar y de no hacer a los demás lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros mismos. Empezando por ahí, quizás esos gritos y castigos se verían reducidos a la nada. Me ha encantado el post y nada, ansiosa estoy de leer la segunda parte.

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    1. Pues sí, has dado en el clavo: no hagas con tus hijos lo que no quieras que te hagan a ti

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  7. Joooo ahora siento como lo que me pasa con mis series preferidas , que cuando ponen el CONTINUARA ... entro en ansiedad jajaja , muy buenas ideas todas :)

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    1. jajajaja, bueno, espero que no se te haga muy dura la espera :)

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  8. Me interesa mucho este tema, de hecho estoy asistiendo a unas jornadas que el AMPA del colegio ha organizado para padres con varios psicólogos para ayudarnos a orientar la formación de los niños en casa. Y uno de los temas fue el castigo. Me encantó la aportación del psicólogo diciendo que el castigo tiene que ser porporcional a la edad del niño en un sentido temporal. Es decir, si el niño tiene 2 años, deberá estar castigado 2 minutos, siendo éste consecuente con pensar en su acción y tomar una respuesta a lo que ha hecho: arrepentimiento verbal. Si el crío tiene 9 años, podemos castigarlo 9 minutos y hacerle saber que una reincidencia en la conducta tendrá otras consecuencias como estar sin televisión un día, por ejemplo. Me gustó el enfoque. Qué te parecen a tí?

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    1. Mi opinión como profesional: jamás he recomendado el castigo para educar a los niños. Un castigo no enseña nada, por muy proporcional que sea. Creo que hay formas diferentes de relacionarnos con nuestros hijos y resolver los problemas de convivencia por eso siempre opto por otras vías.
      Ahora bien, si algún padre me comenta que es así como quiere educar a sus hijos, lo acepto y digo que los castigos, si se van a hacer: mejor pequeños y que se cumplan que no grandes y que se queden en nada.

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  9. Muy bien explicado. La educación es difícil, pero no hay que olvidar el respeto al niño.

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    1. La educación requiere mucha paciencia, ahí radica su dificultad. Y más hoy en día en que lo queremos todo y ya

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  10. Genial el post, de verdad. Esperando ya la segunda parte :-)

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    1. Muchas gracias, espero que la segunda parte os guste tanto como esta

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  11. Qué ganas de leer la segunda parte!! Me ha encantado el ejemplo, nunca me había parado a mirarlo así, una muy buena forma de ilustrarllo!!

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  12. La verdad es que después de leer esto, ves los gritos de otra manera. Hay gente que los tiene incorporados a su vida como si de respirar se tratara (jefes, compañeros de trabajo,....) y hacen insufrible el estar con ellos. Para un niño tiene que ser peor, ya que nosotros como adultos nos podemos defender mejor de los gritos pero ellos se saben más pequeños.

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    1. Claro, los niños no tienen herramientas de manejo del estrés como nosotros por lo que no se pueden defender tan bien

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