La biblioteca de M: "Salvaje"

viernes, 29 de mayo de 2015

Hace unas semanas, J fue con M a la librería y trajo un libro para él. Me contó que cuando lo escogió le dijo: “Mira M, este libro es tuyo, es para ti”. Por lo visto se puso contentísimo y ahora cada vez que le preguntas de quién es el libro sonríe de oreja a oreja y se señala a sí miso diciendo su nombre con lengua de trapo. Tal vez penséis que estamos fomentando mucho la propiedad privada pero es que es tan genial ver que contesta a lo que le preguntas y verlo tan contento. Además, se nota que está orgulloso porque a cada visita que viene a casa, se lo enseña (ese y todos los demás que tiene, jejeje).

El libro en cuestión es este: “Salvaje”  de Emily Hughes.

Libro infantil: Salvaje

10 actividades que puedes hacer mientras das el pecho

miércoles, 27 de mayo de 2015

Cuando me quedé embarazada quise informarme bien sobre el tema de la lactancia porque debido a algunos nacimientos recientes que hubo a mi alrededor empecé a sospechar que eso de que el niño se engancha a la teta cinco minutos y ya está era un mito hoolliwoodiense. Sin embargo lo que descubrí me dejó muerta: resulta que un recién nacido puede hacer más de 10 tomas al día de una hora cada una. No hace falta tener una calculadora delante para darse cuenta de que era posible que me fuese a pasar más de la mitad del día con la teta fuera.

M no hacía tantas tomas diarias pero a cambio cada una duraba más de hora y media así que al final el resultado era más o menos el mismo. Para no desquiciarme, intentaba hacer alguna actividad diferente mientras daba el pecho y la verdad, a día de hoy con tomas que duran minutos durante las cuales es casi imposible empezar nada, confieso que de vez en cuando echo de menos esas tomas interminables que me dejaban tiempo para mí.

Imagino que con un segundo hijo esta lista que os pongo será un poco difícil de cumplir porque hay otro niño al que atender (ni me planteo siquiera lo que hacer con un tercero y un cuarto).

Pero si eres una orgullosa madre primeriza de un recién nacido, ésta es tu página, ahí van unas cuantas actividades alternativas para no aburrirse mientras una da el pecho.

5 alternativas al castigo

lunes, 25 de mayo de 2015

Cuando estaba en 2ºBUP (4º ESO para los jovenzuelos) tenía un profesor de biología con una manía particular: Cuando estabas haciendo un examen y él pasaba por tu lado, se detenía a leer lo que estabas escribiendo y si veía algo erróneo decía "hay algo mal" y se iba. Si le preguntabas el qué no te contestaba. En la entrega de los trabajos pasaba algo parecido: no decía que había algo mal hecho pero no te explicaba exactamente el qué. A veces lo descubríamos y a veces no. La verdad es que no estoy muy segura de la corriente pedagógica que seguía este señor (por otro lado explicaba bien y no tengo más queja que esa) pero de lo que sí estoy segura es que el decir que algo está mal y no explicar el qué es quedarse a medias, para eso es mejor no decir nada.

¿A qué viene esto? pues viene a que a veces actuamos con nuestros hijos como lo hacía mi profesor con nosotros: les decimos que algo que hacen está mal pero no le especificamos el qué ni le proponemos una "respuesta correcta." Así que a veces lo pillarán y otras veces no…o simplemente pasarán de nosotros. ¿Qué podemos hacer entonces? Para empezar, hay que cambiar el chip.


BLW: Ideas para el picoteo

viernes, 22 de mayo de 2015

Cuando M empezó con la alimentación complementaria, comía una vez al día. El resto del tiempo no nos preocupábamos más por ello. Al cabo de un par de meses, coincidiendo con el inicio del gateo, M se convirtió en un "animal de rapiña": comida que veía, comida que tenía que ir a su boca sí o sí. Ya podía estar en manos de una niña de 3 años o de una señora de 70. Daba igual, él quería probarlo todo.

Así que nos vimos en la tesitura de tener que llevar algo de comida nosotros "para compartir" con los demás bebés y niños cuando íbamos al parque o a la asociación de lactancia. Está muy feo que tu hijo se coma la comida de los demás y tú no lleves nada, que parece que lo matábamos de hambre al pobre.

En estos momentos, con M a punto de cumplir 18 meses, está en un momento que no come sentado a la mesa más de tres minutos seguidos pero si le pones comida a su alcance te das cuenta de que se pasa comiendo prácticamente todo el día: ahora un trozo de pan, dentro de una hora un poco de queso, luego un albaricoque (y otro, y otro, no sé que tendrán los albaricoques pero para M. son adictivos). Así que lo es es "comida, comida" pues como que no toma.

Por estas razones, cuando salimos, siempre vamos con algo de comida (y agua). Para evitar ir cargados con una bolsa nevera decidimos copiar a una amiga y comprar estos maravillosos tuppers de Ikea: son tan pequeños que caben en cualquier bolsillo y tienen el tamaños suficiente para una ración de bebé. También, ya que estábamos en la tienda sueca, compramos estas bolsas herméticas para llevar fruta redonda que no cabe bien en los tuppers, como los albaricoques, por ejemplo.

Los importantes son los 3 grupos de delante (Foto de Ikea)

Aquí os dejo una lista de alimentos "transportables" y que cubren todos los grupos alimenticios. Lo mismo valen para tener en casa como para llevar a la calle. Son rápidas y fáciles de preparar, como nos gustan las cosas en esta casa.

Los niños y el miedo: World Vision

miércoles, 20 de mayo de 2015

Cuando era pequeña pasé una época en la que tenía un miedo tremendo a que algo malo le pasase a mi familia. No era un miedo que expresase en voz alta, ni sentía la necesidad de tener controlados a mis padres constantemente. Era un miedo saludable, pero miedo al fin y al cabo. Lo combatía cruzando los dedos y repitiendo una frase que ya no recuerdo. Así de sencillo era todo. Ese miedo se calmó, seguramente porque tenía muchas otras cosas en las que pensar, no todo van a ser desventajas en la adolescencia.

Sin embargo, desde que M nació, ese miedo ha vuelto a aparecer, esta vez, como adulta ya no me funciona el truco mágico de cruzar los dedos. Tengo miedo a que sufra, a que se muera, a que enferme o a que tenga un accidente. Sigue siendo un miedo sano, que no impide que le dé libertad y siga haciendo mi vida. Pero el miedo está ahí, acechando y de vez en cuando recorre mi cuerpo como si fuese una descarga eléctrica.

Además, desde que soy madre, mi empatía por el sufrimiento infantil ha dejado de ser un concepto intelectual para pasar a sentirlo en mis propias carnes. Cada vez soporto menos ver sufrir a un niño. Es como si la imagen de un niño llorando, o pasando hambre, o enfermo disparase el miedo interno a que a M le pase algo. Y me estremezco ¿a vosotros no os pasa?

Castigos, gritos y consecuencias naturales

lunes, 18 de mayo de 2015

Imaginad que vuestro hijo de 5 años rompe un paquete de arroz porque ha estado jugando con él a hacer malabares, algo que sabe que no debe hacer. Tú entras en la cocina y te encuentras el estropicio y tu hijo se apresura a decir que si le das la escoba, lo recoge él mismo. Pero tú solo puedes ver el montón de granitos de arroz desparramados por todos lados y montas en cólera: le gritas como si no hubiera un mañana y lo castigas una semana sin televisión.

¿Qué creéis que haría vuestro hijo?

Imaginad ahora que llegáis al trabajo y vuestro jefe os está esperando con cara de pocos amigos. Resulta que el día anterior habíais entregado un informe con muchos errores de los cuales no te diste cuenta porque no tuviste tiempo a revisarlo. Culpa tuya, lo asumes sin ningún tipo de justificación y te ofreces a hacerlo de nuevo ese mismo día, aunque eso te suponga reducir el tiempo que dedicas al almuerzo hasta que lo termines. Pero tu jefe, en vez de aceptar esta propuesta, comienza a gritarte como un energúmeno y te dice que a partir de ahora vas a tener que prolongar tu jornada laboral una hora todos los días durante un mes para dedicarte a escribir en una libreta: “No volveré a cometer errores en los informes”

¿Cómo reaccionarías? ¿Aceptarías sin más?


¿Por qué la segunda historia la vemos absurda pero la primera ya no tanto?

Vayamos por partes, que en esto hay mucho tema. Intentaré ser lo más clara posible.

Los juguetes de M: Puzzle marino de Janod

viernes, 15 de mayo de 2015

Hace unos meses, M estuvo enfermo, con gripe. Era la primera vez que estuvo malo tantos días seguidos. De momento ha sido la última y esperemos que siga así muchos años más. El caso es que nos daba tanta pena verlo así que lo único que se nos ocurrió hacer es pasar por una tienda a comprarle algún juguete. Al final salimos con dos: los imanes para la nevera y un puzzle de animales.

Puede que los motivos de la compra no fuesen los más acertados, por lo que yo sé, los juguetes no vienen con paracetamol incorporado así que hasta que no se puso bien, M no les hizo mucho caso. Pero la verdad es que fueron una buena adquisición porque sigue jugando con ellos a día de hoy.

Señor pediatra: está usted despedido

miércoles, 13 de mayo de 2015


La semana pasada despedimos a nuestro pediatra. Era una decisión que habíamos tomado hace semanas pero nuestro gen procrastinador hizo que no fuera hasta el viernes pasado que dimos el paso. Primero llamé por teléfono para asegurarme de que eso se podía hacer y qué documentos necesitaba llevar. Sorprendentemente fue todo muy fácil: sin preguntas ni papeleos. Solo con mi tarjeta sanitaria y con la de M. Ya está. Despedido. Y de paso, a la enfermera también. 

Los motivos del despido del pediatra.


Yo también tengo niñofobia

lunes, 11 de mayo de 2015

Cuando mis primos empezaron a tener hijos yo tenía unos 12 años. Era la primera vez que veía un bebé de cerca. Me despertaban curiosidad y temor a partes iguales. No sabía cómo cogerlos, ni cómo hablarles ni nada de nada. Me sentía tan incómoda si había un bebé cerca que trataba de evitar cualquier tipo de contacto con ellos. 

Más de una vez cuando estudiaba y viajaba en tren todas las semanas, pensaba ¡Oh, porras! (es que yo era muy educada, hasta de pensamiento) cuando en el asiento de detrás (o en el de enfrente) se sentaban unos padres con sus hijos. Si estaban justo delante, agachaba la cabeza y evitaba todo contacto visual con el menor.

Más adelante, debido a mi profesión, no me quedó más remedio que tener contacto con niños. Empecé a ver que tampoco era para tanto, que me podía manejar bastante bien con ellos e incluso ayudarlos. Pero no llegaba a sentirme del todo cómoda, no era lo mismo que con los adultos. Los niños son diferentes.

Cuando estaba embarazada de M. J. y nos fuimos de vacaciones a Londres y luego a Alemania (sitios varios). Mientras esperábamos en las puertas de embarque nos fijábamos si iba a haber niños en el avión. Si los localizábamos, intentábamos sentarnos los más lejos posible de ellos.

Y así podría continuar con mil anécdotas más, incluida una en la que un niño me mordió (verídico) pero me parece que con esto es suficiente para plantearse lo siguiente ¿Tenía niñofobia? 

Con este post me uno a este carnaval sobre la niñofobia

BLW: Croquetas de pollo

viernes, 8 de mayo de 2015

Hace un tiempo lancé una pregunta en Twitter: ¿Cómo aprovechar las sobras de un pollo asado el día anterior? las respuestas no tardaron: Marujismo, Mangiare a mesa puesta y otras twitteras más me dieron un montón de opciones. Y la ganadora fue la idea de las croquetas: por su sencillez y porque daba la casualidad que tenía todos los ingredientes en casa. Desde entonces, cada vez que compramos un pollo para el horno, compramos de más para que haya "sobras" y poder repetir la experiencia croquetil.

Es un plato apto para niños que ya comen gluten y huevo. La croqueta es un alimento muy fácil de coger (depende de la forma que le demos) y  es ideal para que controlen su fuerza con las manos. Lo único es que hay que tener cuidado para que no quemen por dentro. Mejor esperar bastante a que enfríen, para evitar sustos. 

Las adaptaciones que se pueden hacer para que un bebé pueda comer este plato son:
- Si es menor de un año, eliminar la sal de la receta.
- Si es menor de un año o si no queréis darle lácteos, esta receta se puede hacer de la misma forma sustituyendo la leche por caldo de pollo o de verduras.
- Si no toma huevo, podemos prescindir de este ingrediente pero en este caso, lo mejor es hacerlas al horno para evitar que se rompan al freírlas. 
- Una idea es hacer las croquetas de distintos tamaños y formas. Se me acaba de ocurrir pero puede ser divertido ¿no?

Croquetas de pollo asado
Megacroquetas, tenía prisa y por eso las hice gigantes

6 trucos para vestir a un bebé

miércoles, 6 de mayo de 2015

El título completo del post debería ser: 6 trucos para vestir a un bebé…que no quiere vestirse. Porque ¡ay! esto de que los niños vayan creciendo tiene infinidad de ventajas pero un gran inconveniente: ya no son tan “manejables”. Digamos que empiezan a tener sus propias ideas que no tienen que coincidir necesariamente con las tuyas. Ojo, que estoy encantada con que M empiece a decidir cosas pero la transición es dura, especialmente en el tema de la vestimenta.


Aquí no voy a hablar de estilos ni de combinar ropa. De hecho, estoy deseando que M empiece a elegir su propia ropa para no tener que pensar qué le pongo cada día. Con decidir lo mío ya tengo bastante. Creo que cada persona tiene derecho a decidir qué ponerse, aunque sea un bebé de 17 meses y no tenga idea de las nuevas tendencias de las pasarelas. En esto soy la menos indicada para dar ejemplo (y J tres cuartos de lo mismo).

Hace unas semanas se despertó “la bestia” de la individualidad. El problema no fue que M quisiera ponerse un look imposible (para nosotros eso no sería un problema), el problema fue que no quiso ponerse nada en absoluto. Es un espíritu libre que se resistía a la civilización. En casa no importa que ande en pelotas pero vivimos en Invernalia y fuera hace, digámoslo finamente, fresquete. Pasamos dos semanas duras con este tema y todavía seguimos en la lucha pero en el camino hemos aprendido unos trucos que nos están funcionando la mar de bien.

Gana un Ipad mini con Boolino

lunes, 4 de mayo de 2015

Un buen día, hace unos meses, después de ser madre pero antes de ser bloguera, me encontraba en la tesitura de que la hija de una amiga iba a cumplir dos años y quería tener un detalle con ella. Brujuleando por la web, me encontré con la página de Boolino y después de un rato saltando de un libro a otro, llamé a J y le dije: ya tengo el regalo perfecto: una Book Box de Boolino.

¿Pero qué es una Book Box?

Pregunta J con curiosidad…Pues es un libro…y mucho más. En Boolino tienen una montón de libros para elegir, clasificados por edades. Dentro de la caja, además del libro, nos podemos encontrar con material para realizar diferentes actividades relacionadas con la temática del libro y una “guía de uso” en la que explican por qué escogieron ese libro en concreto y las instrucciones para realizar las actividades. Una de las cosas que más me gustaron fue que también cuentan con los niños de 1 a 3 años para sus cajas, asegurándose de que el material que incluyen es seguro para ellos.