Cocinillas

viernes, 5 de septiembre de 2014

Me gusta cocinar, pero no por las razones habituales de disfrutar de los olores, las texturas, el placer de comer algo que tú has elaborado, no, no, no. Me gusta la cocina porque es el lugar donde puedo dar rienda suelta a mi obsesión por el orden. ¿Habéis visto alguna vez el programa de Arguiñano? ¿Os habéis fijado en que, a pesar de utilizar cuarenta y siete  platos para freír un huevo siempre tiene la encimera despejada, los cuchillos en su sitio y el fregadero impoluto? Pues yo soy igual pero sin los cuarenta y siete platos.

El caos habita en mí, lo sé, lo he visto con mis propios ojos. El único lugar de mi mente que resiste a la invasión es el lugar destinado a la cocina: desde ir al supermercado hasta poner la mesa.
Disfruto yendo a la compra, ver en el supermercado todos los productos tan bien ordenados en las estanterías me tranquiliza. Es casi como ir al SPA.

Pero para que la experiencia resulte verdaderamente relajante hay que saber elegir los supermercados porque los hay que me ponen los pelos como escarpias, como el DÍA, lugar donde me he encontrado con cajas tiradas por el pasillo o una nube de moscas debajo de una patata, o Alcampo, que ostenta el dudoso título de ser el único supermercado que tiene callejones sin salida. AntiSPA total.

Me encanta (man)tener la cocina limpia y una de las razones por las que a veces me imagino a J. ardiendo en las hogueras del infierno es que haya platos sucios en el fregadero antes de ir a cocinar o que la vitro tenga restos de aceite del día anterior. Me pone mala. Siempre limpio primero antes de cocinar, aunque tenga prisa.

Otra de las cosas buenas que tiene cocinar es que puedo poner en práctica mis poderes. Soy multitarea y en la cocina mucho más. Mientras se sofríe la cebolla, pelo las patatas y mientras se fríen los filetes voy limpiando los cuchillos, la tabla y batiendo los huevos. Todo un arte de economizar movimientos.

Cocino los platos de toda la vida: guisos, arroz, cocido, caldo, lentejas, ensaladas, tortilla, etc. A veces en un alarde de modernidad hago un cuscús pero no me saques de ahí. En mi vida he hecho una reducción de vinagre de Módena ni caramelizado nada. Soy de gustos sencillos.

Respecto al resultado, puede variar. No me considero una gran cocinera, soy mucho de ojímetro y poco de báscula, pero prácticamente todo lo que hago está comestible y la mayoría hasta podría calificarse de “bueno.”  


En cualquier caso, como muchas otras cosas en esta vida, al final el resultado no es lo fundamental, lo importante es haberse divertido.

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